"Utilizando tiburones Mako, una de las máquinas de matar más rápidas y perfectas de la naturaleza, la doctora McAlester espera encontrar la clave de la regeneración de los tejidos del cerebro humano. Pero para alcanzar su meta ha violado los códigos éticos, modificando el ADN de los tiburones, haciendo que sean más inteligentes y más rápidos, convirtiéndolos en monstruos depredadores que pondrán en peligro a todo el equipo de trabajo."
Todo no son peros, porque si no no estaría en esta sección. Podrías
pensar que la participación estrella de Samuel L. Jackson puede salvarlo
todo, pues a veces salva algo. Sus actuación se ve forzada y no sabe
ubicarse en el papel. Pero como hemos quedado en que vamos a verlo con
la mentalidad abierta de domingo, finjimos que no nos damos cuenta y
esperamos ansiosos a su minuto de gloria, a esa maravillosa escena que
lo hace memorable y que consigue eso que "Serpientes en el avión" no
consiguió: Que nos riamos y tengamos ganas de ver el final de la
película. Un final que pretende ser tan inesperado que desaprovecha el
personaje de James Todd Smith (el cocinero) pero que termina de forma
maja.En definitiva, es un placer culpable que consigue sacarte unas risas, que te hace sentir que has perdido bien tu tiempo y, solo para algunos, hace que sea memorable.




