Deep Blue Sea

Será mala, pero nos ha alegrado muchas tardes de domingo, nos ha hecho apreciar la falta de criterio de Samuel L. Jackson y tiene una de las mejores escenas de la historia del cine.

Esperando Star Trek: En la oscuridad

J.J. vuelve con la segunda parte de su reboot de la saga clásica de ciencia ficción y todos, trekkies o no, estamos deseando verlo.

El bosque

Una de las mejores películas del siglo XXI condenada al fracaso por una promoción que vendía algo completamente distint, y una de las mejores facetas de Shyamalan.

El hombre de acero, una de cal y otra de arena

La nueva película de Superman, dirigida por Zack Snyder es, a pesar de sus defectos, un blockbuster muy entretenido.

Monstruos University, así sí

La precuela de la gran Monstruos S.A. no alcanza el nivel de la original, pero sin duda es tremendamente divertida.

jueves, 4 de julio de 2013

'Los becarios', mona pero sosa

Es probable que cuando te sientas en la butaca después de haber pagado por ver una comedia no esperes desternillarte de risa. Eso sí, lo mínimo que pueden hacer para agradecer tu tiempo y dinero es ofrecerte un producto simpático y hacerte pasar un buen rato. Aunque teniendo en cuenta el nombre de Shawn Levy (Noche en el museo, Doce en casa) figurando como director, tampoco podemos quejarnos mucho si lo que hemos visto no ha sido una comedia ligera, divertida y que volverías a ver.
La idea de Los Becarios  (The internship, 2013) parece original y perfectamente encajable en el marco de una comedia, pero bajo la sombra de los conceptos de éxito y superación personal americanos, es difícil reírse de algo más que de algún chiste tontorrón que bien vale una risa enlatada. Eso sí, qué mejor escenario para el ascenso profesional de Estados Unidos que las instalaciones de Google en California. Hasta allí van unos soñadores y ambiciosos VinceVaughn y Owen Wilson para mostrarnos el proceso de sumersión de un par de cuarentones en el universo geek.
 Y es que de geeks y frikis, eso sí, está plagada la película. Lo único que perdona el transcurso predecible de los acontecimientos y los irritantes –por predecibles, una vez más- giros del argumento son las constantes referencias al universo friki. Los juegos del hambre, el golpe del quidditch como deporte de  empresa, la mención al cosplay y el final de la “khaleesi” con su “sol y estrellas” pueden provocar ternura y convertirla en simpática y familiar, pero no la salvan de ser un poco falsa y demasiado larga.

Sobra charla motivacional y falta un poco de ironía o un humor que vaya más allá del “me río de ti porque eres viejo”.  Se disfruta más observando los cachivaches y el funcionamiento de Google que del verdadero argumento de la película, y probablemente sea eso lo que la haga tan larga. El grupito de becarios, un poco estereotipado pero adorable al final. La conclusión a la que nos hace llegar Levy con este grupillo es, en definitiva, que un chupito de tequila puede cambiar tu vida.

Tampoco es que deje mal sabor de boca, solo es una más en el montón de “lo intentan pero no lo consiguen” que últimamente engrosa la comedia norteamericana. Lo mejor, el gorro de colores con hélice y Rose Byrne.

Monstruos University. Así sí.



Llega a nuestras pantallas Monstruos University, doce años después del estreno de Monstruos S.A (Monsters Inc, 2001). Al tratarse de un clásico de Disney/Pixar, las expectativas ante esta nueva película son elevadas, aunque los espectadores, acostumbrados a segundas partes sin sentido y -en ocasiones- desastrosas, también acogen este nuevo estreno con cierta cautela.

El gran acierto de esta película se encuentra en que no se trata de una secuela, sino una precuela. Esto les permite presentar a estos dos personajes tan conocidos por el público como Mike y Sully, y mostrarlos con diferentes matices, como si aún estuvieran sin terminar, para guiarlos maravillosamente en el camino hacia la madurez.

La sinopsis de Monstruos University es muy sencilla nos muestra a un ilusionado Mike Wazowski llegando a la universidad para cumplir su sueño: convertirse en asustador. Sully, por otro lado, proviene de una famosa familia de asustadores y sabe, sin duda alguna, que es un asustador nato. Pero no todo sale como se imaginan y pronto encontrarán dificultades en el campus. Así se define el comienzo, pero la película es mucho más (y mejor).

El absoluto protagonista de esta precuela es Mike Wazowski. El espectador ve el mundo a través de sus ojos y asiste a una infancia de marginado e incomprendido. Así, somos testigos de cómo su deseo de ser asustador nace de un simple gesto de apoyo. Como consecuencia, desde el primer minuto estamos enganchados a él y nos ponemos de su lado automáticamente, deseando que pueda cumplir su sueño (¡como si no lo supiéramos ya!). Y ahí está lo crucial de esta cinta, que consigue que en algunos momentos nos olvidemos por completo de Monstruos S.A, lo que yo considero toda una hazaña.

Cuando James P. Sullivan (Sully) entra en escena es evidente que él y Mike no hacen buenas migas. Como seguimos viendo todo desde el punto de vista de Mike, Sully nos parece creído, niño de papá y gandul, lo que choca fuertemente con nuestra concepción de él, pues lo teníamos hasta ahora como un bonachón. Conforme la película avanza, se presentan complicaciones y, lo que nació como rivalidad, tiene que convertirse, a la fuerza, en compañerismo. Este es otro de los puntos que me encanta de esta película: Mike y Sully nunca hubieran sido amigos de no darse estas circunstancias exactas, de no haberse visto obligados a aprender a complementarse.

Mike, con su optimismo ciego, parece capaz de conseguir lo que se propone, pero ¿es realmente así? Con trabajo y esfuerzo, ¿se puede hacer todo realidad? Estas son algunas de las preguntas que se plantean y no puedo más que adorar lo que esta película muestra en respuesta. Sully, por otra parte, se siente muy presionado por su familia y se cuestiona sus capacidades, se pregunta si estará a la altura. Conforme pasan los minutos, notamos cómo se cimienta una relación que, ante todo, es creíble. Es otra película que muestra lo que Pixar sabe reflejar mejor que nadie: la amistad verdadera. 

La primera vez que la decana Hardscrabble aparece en pantalla no podemos más que temerla, pues parece una maldita cucaracha voladora. Su porte recto y sus evidentes signos de superioridad nos advierten desde el primer momento de que nos encontramos ante la villana de la cinta y, a mi parecer, uno de los puntos flojos de esta película. Una de las claves para dibujar bien la figura de un villano son sus motivaciones, y yo no llegué a entender por qué odiaba tanto esta señora a nuestros dos protagonistas. Se sostiene por una crueldad y una manía infantil que contrastan con su imagen seria y correcta en todo momento. Su resolución final me pareció aceptable pero contradictoria.

Como conclusión, esta película es una digna precuela de Monstruos S.A, que te mantiene entretenido y disfrutando de principio a fin. Las taquillas del final son un regalo que te deja una sonrisa bobalicona en el rostro.

-Lo mejor: Las Sustolimpiadas. Todas las pruebas me parecieron muy originales y la competición me mantuvo en tensión y me hizo sudar con Mike y Sully.

-Lo peor: Los integrantes de Oozma Kappa no son tan graciosos como se pretende. Hay momentos en los que consiguen hacerte reír, pero se nota que han sido creados para ser el punto cómico fuerte de la cinta y no logran serlo.

-Mención especial: La aparición de Randall. Así es como se crean los grandes villanos.





Antes del anochecer, un inolvidable punto y final

Jesse y Celine, después de tres películas—y casi veinte años—paseando por Europa mientras divagan sobre el funcionamiento del mundo y el concepto que tienen del amor y las relaciones de pareja, han conseguido el reconocimiento del público y la crítica, y se han erigido por derecho propio como un estandarte de la comedia romántica moderna. Si el encanto de Antes del amanecer era ser una historia de amor entre dos personas que no creían en él, o al menos no de la manera en que lo hace la sociedad occidental, la virtud de sus dos secuelas ha sido añadir a la fórmula unas cuantas dosis de realismo, sin dejar de ser completamente coherente con lo contado anteriormente.

Y Antes del anochecer (Before Midnight, 2013), una tercera parte de la que hasta hace muy poco no sabíamos ni si se rodaría, ha resultado ser un cierre perfecto. Tanto es así que las dos películas anteriores parecían encaminadas a contar lo que vemos en esta. Ethan Hawke y Julie Delpy han dado vida a dos personajes que han ido madurando (envidio a los espectadores que lo hayan hecho al mismo tiempo) en una trilogía que no estaba destinada a ser un éxito descomunal, pero sí a marcar a los espectadores que conectaban con la historia.

No se puede contar demasiado de ella, porque dar detalles de la trama sería destripar el final de Antes del atardecer, pero es impresionante ver cómo Celine y Jesse han cambiado con el tiempo y en esencia siguen siendo los mismos. Dada la situación, uno podría no creerse que los diálogos entre ellos dos sigan siendo una sucesión de monólogos existenciales como en sus dos primeros encuentros, pero si por algo ha destacado siempre esta saga es por la naturalidad con la que despliega toda esa verborrea. Por eso, por la conexión entre los dos personajes y porque por tercera vez han sido capaces de contarnos lo que ha sido de ellos todo este tiempo en menos de dos horas y sin que quede ningún cabo suelto.

Julie Delpy está tan bien como en la segunda película—donde ya exhibía muchos registros—mientras que Ethan Hawke realiza la que hasta ahora debe ser su interpretación más completa. Resulta curioso además que en cierto modo los protagonistas se intercambien los papeles en Antes del anochecer, pues Jesse es a ratos el que de los dos tiene más los pies en el suelo, aunque se trata en general de la cinta menos idealista de la trilogía. Son situaciones perfectamente reconocibles y reales las que vemos en el último trabajo de Richard Linklater, lo que hace que sea algo más dura que sus predecesoras.

Como elemento novedoso, esta vez tenemos algunos personajes secundarios que si bien no tienen demasiado protagonismo—como es lógico—contribuyen a crear una escena coral brillante. Las virtudes que encontramos en las conversaciones entre Jessie y Celine pero esta vez a ocho bandas. Un diálogo que atrapa y se manifiesta como uno de los puntos álgidos del metraje de este cierre. Antes del anochecer es sin duda la mejor película que hemos visto hasta ahora en 2013 (un año en el que, de todas formas, sólo han destacado Efectos secundarios y Stoker). Linklater vuelve a merecerse un aplauso, y no solo por el guión, sino por una dirección elegante que saca el máximo partido a una historia tan intimista.

Un invierno en la playa, la fórmula del best-seller

“Recuerdo que solo mirarla me dolía”, comenta la voz en off de Rusty (Nat Wolff) nada más empezar Un invierno en la playa (Stuck in Love, 2012). Más adelante, William (Greg Kinnear), su padre, le dirá que es un gran comienzo para una novela, que tiene gancho. Y puede que se trate de una frase de la que hemos oído ya mil variantes en cualquier libro, sin que sea necesariamente bueno, pero no podemos quitarle la razón. Stephen King –con un pequeño cameo en la cinta–, Dan Brown, J.K. Rowling o Stephenie Meyer no tendrán el mismo talento para la literatura, pero coinciden en un aspecto: saben lo que quiere el público y se lo ofrecen. Muchos pondrán en tela de juicio la calidad de sus obras, pero no se puede negar que han dado con la fórmula del éxito (algo que en la actualidad pocos autores consiguen).

Un invierno en la playa tiene, al igual que las novelas de los susodichos y que la frase con la que arranca, todos los ingredientes para agradar al público: toques de comedia, melodrama y el punto suficiente de amargura en los conflictos como para que no resulte empalagosa. La película nos presenta a los Borgens, una familia de escritores. El padre, William, ha ganado varios premios y desde que eran pequeños ha tratado de inculcar a sus hijos la pasión por la escritura. Con mucho éxito, pues tanto Rusty como Samantha (Lily Collins) se dedican a escribir como él, y la segunda está a punto de publicar su primera novela cuando comienza la trama. Erica (Jennifer Connelly), la madre de éstos, dejó hace unos años a William por otro hombre, y él no ha podido superarlo desde entonces, más allá de un par de encuentros sexuales con la vecina (Kristen Bell).

El reparto, que completan Logan Lerman y Liana Liberato como Lou y Kate, los intereses románticos de los hijos de los Borgens, está más que correcto. Destacaría a una sorprendente Lily Collins, pero hasta secundarios de menos peso como Lerman y Bell están bien. Como en todo drama familiar, los personajes deben tener personalidades suficientemente distintas como para chocar, pero al mismo tiempo dar el pego como gente de la misma sangre. En este sentido, Josh Boone acierta en su ópera prima, dibujando a unos personajes que, aunque no son el colmo de la originalidad ni se enfrentan a conflictos especialmente novedosos, tampoco se limitan a representar estereotipos y son verosímiles.

Es la falta de originalidad el principal punto flaco de Un invierno en la playa, que como los buenos best-sellers se disfrutan rápido y se olvidan casi a la misma velocidad. Boone tiene buen pulso manejando las historias, que se suceden a un buen ritmo, y los personajes se entrecruzan de manera muy orgánica, pero a la hora de la verdad resulta decepcionante que todas y cada una de las tramas acaben como estaba previsto al principio y que la puesta en escena sea correcta pero en absoluto novedosa. No experimenta con la cámara ni abusa de los giros, y el resultado final es una película disfrutable (con unos personajes con los que se conecta fácilmente) pero de ningún modo imprescindible.

martes, 2 de julio de 2013

El Hombre de Acero, una de cal y otra de arena

Un superhéroe emo, enfrascado en sí mismo y con problemas para relacionarse con los demás. Eso era lo que esperaba cualquiera con un mínimo de conocimiento sobre el universo de Superman, susceptibles a la visión - otra vez- del origen de uno de los personajes más famosos de DC. Pero que, ya sea por las malas críticas, las bajas expectativas o la visión de Henry Cavill, ha conseguido entusiasmarme.

Es uno de los blockbuster más esperados del verano, su promoción ha alcantazo las expectativas de las grandes producciones y se ha intentado borrar - gracias a Dios - la estela de decepción que dejó "Superman: Returns" (Bryan Signer, 2006), para dejar paso a toda la acción de la que careció ese proyecto.

Pero eso no parece entusiasmar a los fans, que ven el intento de proyectar realismo como algo fallido, "si no lleva los calzoncillos por fuera, no es Superman" dijeron algunos. Y es que, dejado a un lado la indumentaria,  algunas alusiones y el hecho de que el nombre del héroe apenas sea mecionado en el film hace que nos quedemos con la sensación de que han querido desligarse por completo de las anteriores: Lois Lane no se deja engañar y reconoce a Clark Kent con gafas y no hay sitio para la banda sonora de John Williams que, a pesar de ser maravillosa, es la clave para desligarse y no defrauda.

Menos Jor-El y más Zod

Menospreciar al malo y ensalzar al bueno, esa es una de las técnicas más usadas en el mundo del cine. Pero la fórmula padre de Superman benévolente/supercientífico/gladiador es uno de los fallos más destacables para mi gusto, su visión altruista choca con las otras características del personaje y el chupe de cámara de Russel Crowe (soy una conciencia con mucho sentimiento) me parece una périda de tiempo y gancho, que no aprovechan para direccionar a Zod (Michael Shannon), que debería ser el verdadero protagonista ecundario y que solo sirve como escenario para explicar los sentimientos de Clark Kent, preentándolo como un militar egoísta, estúpido y fácil de derrotar en lugar del supervillano que deja a Lex Luthor como una pequeña molestia en comparación.

Lois y Clark

Uno de los grandes miedos era que Amy Adams y Henry Cavill no fueran capaces de dar la talla o tener química entre ellos, no teníamos por qué. Amy Adams es una Lois inmejorable que hace lo imposible en el mundo del cine, que un personaje en el papel de un periodista pueda caerte bien. Por otro lado, Henry Cavill ha nacido para eso, su relativa seriedad y su no tan relativa belleza han provocado suspiros entre hombres, mujeres, niños y yo y lo han hecho proclamarse como un icono con todas las de la ley.

Un guión facilón y típico, la despedida cogida con pinzas de Jonathan Kent y la excesiva destrucción de Metrópolis son las mayores críticas que se han  hecho al film, que te dejan claro que es un blockbuster molón y no una sucesora con otro nombre de "El Caballero Oscuro" y que te deja con el sabor de que lo que has visto es un puente hacia lo que verdaderamente necesitaban: buena recaudación para conseguir la secuela donde, esperemos, puedan hacerla mejor.

Favoritas Personales: El bosque

M. Night Shyamalan acaba de estrenar en España After Earth, con el pesado de Will Smith y su hijo. Ahora se ha convertido en un director popular, capaz de convencer a un gran estudio para que invierta 130 millones en producirle una cinta (ya consiguió 150 con Airbender). No pretendemos aquí despreciar lo mainstream, pero es inevitable la sensación de que a Shyamalan le ha sentado muy mal tener tanto presupuesto. Con dinero, puede dar rienda suelta a los universos que imagina, exhibiendo una grandilocuencia inédita antes de sus dos últimas películas. Atrás queda el gore barato—rozando lo cutre—de El incidente, el encanto de la pequeña comunidad de vecinos de La joven del agua o el miedo que transmite El bosque (The Village, 2004), la película que nos ocupa, a base de sonidos y recurriendo rara vez a mostrar nada. Sin embargo, sumido en la libertad creativa de recrear universos enteros, se ha olvidado de lo más importante, y lo que hacía valiosos sus relatos anteriores: las motivaciones de los personajes.

El bosque tiene en común con otra de sus películas, El sexto sentido, que ambas recaen en un giro final que cambia el sentido de todo lo visto. Y, sin embargo, ambas tienen en común también que no pierden su efectividad con los revisionados. El bosque no es una película de terror—como se vendió en su momento, algo que influyó en su tibia recepción—pero tiene un par de momentos que, al menos a mí que soy un cobarde, me dan verdadero miedo. Obviamente, en ese aspecto no sobrevive a un segundo vistazo, pero lo que permanece en ella es muchísimo más interesante. Acusada de aburrida por un público que iba buscando entretenimiento, sufrió la condena de querer contar algo más. Y si El sexto sentido sigue siendo un buen drama familiar aunque tengamos todas las piezas del puzle desde el minuto uno, El bosque sigue siendo, por un lado, un gran drama romántico (gracias al buen hacer de Bryce Dallas Howard y Joaquin Phoenix) y, por otro, una gran historia sobre la manipulación y las herramientas que se pueden utilizar para controlar a un grupo de personas.

No diría que se trate, en realidad, de una película aburrida. Al contrario, los personajes te atrapan desde el primer momento y los secretos que muchos de ellos ocultan generan casi más intriga que la amenaza que se esconde en el bosque. Esto solo es posible gracias a un guión excelente, en el que personajes que son meros instrumentos para la historia están cuidados al detalle. Shyamalan los dota a todos y cada uno de ellos de personalidad tridimensional. Aunque la verdadera protagonista de la historia es Ivy (Dallas Howard), una chica ciega que vive obligada a cumplir la voluntad de su severo padre, durante el primer tramo de la película el protagonismo recae en Lucius, el chico que está enamorado de ella, y pocos actores transmiten con tanta facilidad la fragilidad, el dolor y la frustración como Joaquin Phoenix. También hay que alabar a Adrien Brodyque no haya sabido aprovechar su Oscar no significa que no sea uno de los mejores actores de su generación—por su interpretación. Su personaje es simplemente el motor del conflicto en la trama y su interpretación lo eleva mucho más allá a pesar de que aparezca muy poco a lo largo de la película.

Pese a que sobre el papel El bosque es la historia de una aldea que vive aterrorizada por las criaturas que habitan en el bosque que la rodea, a la hora de la verdad se convierte en la historia de estos tres personajes, y cómo con sus condiciones físicas y mentales se desenvuelven en un entorno que hace las cosas más difíciles si cabe. Y, cuando la gran revelación sale a la luz, lo que podría haber sido “solo” una reflexión brillante sobre el funcionamiento de la sociedad, se convierte en algo que nos cabrea, nos alivia y también nos da ganas de aplaudir (mientras el guión aún se reserva un par de giros más para la recta final).

Por eso da tanta pena ver en lo que se ha convertido la carrera de Shyamalan últimamente, y por eso tampoco hay que perder la esperanza de que un día volverá a escribir una obra maestra como esta. La gente puede estar más o menos inspirada, pero no se vuelve idiota de un día para otro, y Hollywood ha demostrado que a pesar de sus tropiezos, siempre tiene un hueco reservado para él.

Especial Star Trek: En la oscuridad – J.J. Abrams

A pesar de su ya más que respetable trayectoria en cine, a J.J. Abrams se le sigue conociendo más por su faceta de creador televisivo que por otra cosa. Su nombre, para bien y para mal, estará eternamente asociado a Perdidos (Lost, 2004–2010), lo que por un lado le ha permitido que las cadenas de televisión norteamericanas se rifen sus producciones y todos los años se estrenen dos o tres proyectos con su nombre detrás, y por otro provoca recelos entre el público porque ésta no acabó a gusto de todo el mundo. Sea como sea, lo cierto es que acabada la primera temporada de Perdidos, J.J. Abrams se desvinculó de los guiones y, aunque seguía acreditado como creador, el devenir de la serie estuvo en manos de Damon Lindelof (uno de los responsables del guión de Prometheus) y Carlton Cuse (que ahora trabaja en la serie Bates Motel). El propio J.J. reconoció en una entrevista que no sabía cómo acabaría la serie hasta que no vio el último episodio.

Y sí, en televisión ha sido el responsable de otras muchas cosas. Fue el showrunner de Felicity (1998–2002), la serie que narraba las vivencias universitarias de la chica que le daba nombre. Curiosamente fue en esta serie en la que más involucrado estuvo en la escritura de guiones, y es una de sus pocas producciones sin ningún componente de ciencia ficción. También creó Alias (2001–2006), la serie de espías que dio a conocer a Jennifer Gardner. Y, tras Perdidos, puso en marcha Fringe (2008–2013), esa joya de ciencia ficción que tuvo temporadas verdaderamente brillantes y que sobrevivió milagrosamente hasta enero de este año. De ésta, al igual que hizo con Perdidos, participó a nivel creativo hasta el final de la primera temporada para después ejercer solamente como productor.

Sin embargo, la marca J.J. en televisión está bastante devaluada. Produce muchas series de las que probablemente no haya visto ni un solo episodio, como Vigilados: Person of Interest o Revolution, y otros fracasos como Alcatraz o Undercovers que no pasaron de su encargo inicial de trece episodios. Como apunte, Abrams también ha hecho incursiones en el mundo de la composición, y es el responsable de los temas principales de las cabeceras de Fringe, Vigilados: Person of Interest, Revolution, Alcatraz, Alias y Felicity.

Sus pinitos en la dirección los hizo también en televisión: dirigió el piloto de Perdidos, un par de episodios de Felicity, varios de Alias y sorprendentemente también uno de The Office. El salto a la gran pantalla lo dio en 2006 con Misión Imposible: III, una cinta que revitalizó la saga protagonizada por Tom Cruise después de que la segunda fuese destrozada por la crítica. Más tarde, participó activamente en Monstruoso (Cloverfield, 2008) junto a Matt Reeves –con quien ya trabajó en Felicity–, pero la película acabó considerándose un experimento fallido y contribuyó a empobrecer el sello de calidad de J.J. Personalmente, confieso que me parece una película muy interesante y más que digna, que en su momento me fascinó. Con el paso de los años, el recurso del found footage ha sido explotado hasta la saciedad, pero Monstruoso llegó en un momento en que no estábamos hartos de él.

Por suerte, llegó Star Trek y la crítica volvió a ponerse de su lado. Con este reboot de la franquicia consiguió algo muy complicado: contentar a los seguidores de la saga original y atraer a nuevos espectadores, que abrazaron un blockbuster entretenido y de calidad, convirtiéndolo en un éxito de taquilla (moderado, teniendo en cuenta su presupuesto y los gastos de promoción). Star Trek era todo un despliegue visual, pero no limitaba su gancho a los efectos especiales, sino que estaba protagonizado por unos personajes genuínamente interesantes (Zachary Quinto y Chris Pine fueron todo un acierto de casting). Trekkies o no, el gran público (español, que inexplicable nos ha llegado con dos mese de retraso) está esperando una secuela que se ha hecho esperar bastante.

En todo este tiempo, Abrams no ha estado quieto. Aparte de la producción televisiva, en 2011 fue el responsable de una de las películas del verano. Super 8, producida por Steven Spielberg, llegaba con mucho hype detrás y supo cumplir las expectativas. Abrams utilizaba esta película para homenajear al director, y recuperaba una fórmula de hacer cine familiar –con reminiscencias a E.T. o Los Goonies– de décadas pasadas que había quedado casi desterrada. Super 8 se disfruta como un niño, es absorbente, tiene un ritmo espectacular y además nos descubrió el magnetismo de Elle Fanning, una joven actriz que tiene todavía mucho que decir.

Por eso, en un verano plagado de decepciones como Oblivion o El hombre de acero, películas que a priori pintan bien pero que pueden salir rana como Guerra Mundial Z y Elysium, la nueva Star Trek se presenta como un valor seguro (y el 72 de media en Metacritic la avala). Sabiendo esto y que J.J. Abrams dirigirá el Episodio VII de Star Wars, ya casi podemos afirmar con seguridad que va camino de convertirse en uno de los directores más importantes de Hollywood. Cómo va a responder el gran público a la ciencia ficción es incierto (y si no que se lo digan a Shyamalan), pero si algo ha sabido Abrams es elegir bien sus proyectos y llevarlos a buen puerto.